lunes, 15 de diciembre de 2014

Pensando en la puerta...



Diariamente observamos este dispositivo común y ordinario de nuestras vidas obviando la evolución y el desempeño de la misma en crear un entorno seguro, y es que desde que el hombre prehistórico sintió el afán de resguardarse por la seguridad de él y la de los suyos acudió a las cavernas donde amparado por una cavidad creada por la naturaleza comenzó el camino evolutivo hasta estos tiempos, de ese instinto de protección nació la necesidad de defender sus principales bienes creando este artilugio que primeramente seria como una barrera de objetos que impedía el ingreso, y es que la puerta es en sí misma la fuente de control de entrada y salida, cada puerta representa el entendimiento de la realidad que tiene fuera cada propietario, y es que no es un objeto físico solamente, es un termómetro social de la aceptación u interpretación de las amenazas que nos rodean, delimita lo público de lo privado, y lo más importante; quien entra y quién sale.

Todo tiene su puerta, tu casa, tu cuarto, tu baño, tu empresa, tu carro, hasta tu ciudad; por eso la cerradura es uno de los mayores representantes gráficos de la seguridad tanto como el candado en la mayoría de los logotipos de las empresas de seguridad o señales de seguridad, y es que una puerta cerrada es la pura representación de la privacidad, en su viaje evolutivo la forma de cerrar la misma también ha crecido en los años desde los obstáculos apilados detrás de una puerta rudimentaria hasta las modernas llaves electromecánicas, el portador de la llave es el que puede abrir la misma y es el que permite el ingreso de otros, en nuestra ausencia la puerta queda bajo llave con el fin de resguardar nuestras pertenencias y nuestro espacio.

Cuando llega una personalidad a una ciudad es una costumbre el de entregarle las llaves de la ciudad, este acto que por lo menos una vez en la vida hemos de haber oído es un evento simbólico que se remonta a las épocas de los castillos y fuertes que mantenían dentro de sus murallas a las ciudades para su protección, al momento de que se avecinaba un  ataque las puertas eran cerradas poniendo a las unidades de batalla en posición de defensa, en cambio cuando un aliado se acercaba se abrían para permitir el paso e ingresar, este acto de bienvenida es representado todavía acogiendo al invitado y señalándole que las puertas siempre estarán abiertas para él.

Donde quedaron las puertas de cristal, las de vitrales, las puertas dobles que abrías la parte de arriba y la de abajo quedaba cerrada, y es que desde que las amenazas han subido los espacios de visualización en la puerta han sido suprimidos, estos han sido reducidos a su máxima expresión y lo que nos queda es el denominado ojo mágico donde solo se puede observar desde adentro hacia afuera y no en viceversa, ahora nuestras puertas son blindadas y reforzadas, con protectores o rejas para prestar más resistencia a los posibles intentos de robo u intrusión, y es ahí donde debemos tener cuidado, en el crear una puerta para que nadie entre nos lleva a que nadie salga… como el topo de franz Kafka quedando autoexiliados dentro de nuestra propiedad, nuestra puerta es nuestro puerto donde recibiremos a amigos y desconocidos con una protección sensata de exposición según sea el caso y con la prudencia que amerite.

A la final los que más han perdido son las mascotas cuyas puertas han sido casi totalmente desincorporadas de la consideración de los propietarios…

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