Diariamente observamos este dispositivo común y ordinario de
nuestras vidas obviando la evolución y el desempeño de la misma en crear un
entorno seguro, y es que desde que el hombre prehistórico sintió el afán de
resguardarse por la seguridad de él y la de los suyos acudió a las cavernas
donde amparado por una cavidad creada por la naturaleza comenzó el camino
evolutivo hasta estos tiempos, de ese instinto de protección nació la necesidad
de defender sus principales bienes creando este artilugio que primeramente
seria como una barrera de objetos que impedía el ingreso, y es que la puerta es
en sí misma la fuente de control de entrada y salida, cada puerta representa el
entendimiento de la realidad que tiene fuera cada propietario, y es que no es
un objeto físico solamente, es un termómetro social de la aceptación u
interpretación de las amenazas que nos rodean, delimita lo público de lo
privado, y lo más importante; quien entra y quién sale.
Todo tiene su puerta, tu casa, tu cuarto, tu baño, tu empresa, tu
carro, hasta tu ciudad; por eso la cerradura es uno de los mayores
representantes gráficos de la seguridad tanto como el candado en la mayoría de
los logotipos de las empresas de seguridad o señales de seguridad, y es que una
puerta cerrada es la pura representación de la privacidad, en su viaje
evolutivo la forma de cerrar la misma también ha crecido en los años desde los
obstáculos apilados detrás de una puerta rudimentaria hasta las modernas llaves
electromecánicas, el portador de la llave es el que puede abrir la misma y es
el que permite el ingreso de otros, en nuestra ausencia la puerta queda bajo
llave con el fin de resguardar nuestras pertenencias y nuestro espacio.
Cuando llega una personalidad a una ciudad es una costumbre el de
entregarle las llaves de la ciudad, este acto que por lo menos una vez en la
vida hemos de haber oído es un evento simbólico que se remonta a las épocas de
los castillos y fuertes que mantenían dentro de sus murallas a las ciudades
para su protección, al momento de que se avecinaba un ataque las puertas eran cerradas poniendo a
las unidades de batalla en posición de defensa, en cambio cuando un aliado se
acercaba se abrían para permitir el paso e ingresar, este acto de bienvenida es
representado todavía acogiendo al invitado y señalándole que las puertas
siempre estarán abiertas para él.
Donde quedaron las puertas de cristal, las de vitrales, las puertas
dobles que abrías la parte de arriba y la de abajo quedaba cerrada, y es que
desde que las amenazas han subido los espacios de visualización en la puerta
han sido suprimidos, estos han sido reducidos a su máxima expresión y lo que
nos queda es el denominado ojo mágico donde solo se puede observar desde
adentro hacia afuera y no en viceversa, ahora nuestras puertas son blindadas y
reforzadas, con protectores o rejas para prestar más resistencia a los posibles
intentos de robo u intrusión, y es ahí donde debemos tener cuidado, en el crear
una puerta para que nadie entre nos lleva a que nadie salga… como el topo de
franz Kafka quedando autoexiliados dentro de nuestra propiedad, nuestra puerta
es nuestro puerto donde recibiremos a amigos y desconocidos con una protección sensata
de exposición según sea el caso y con la prudencia que amerite.
A la final los que más han perdido son las mascotas cuyas puertas
han sido casi totalmente desincorporadas de la consideración de los propietarios…